Una Invitación imposible de rechazar - Alfredo Posse


El Canto Del Gallo Presenta 

Una invitación imposible de rechazar

Por Alfredo Pose

"Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas,

porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga."

(MATEO 11:28,30)


Este es uno de mis textos favoritos de la Palabra de Dios. Tanto es así que hace años lo escogí como lema de nuestro Salón de Cultos en Chascomús. 

Me fascina porque es una de las más hermosas invitaciones o llamados del Señor para ir a su encuentro. Y hay muchas cosas en este llamado que me impactaron desde la primera vez que lo leí.

En primer lugar, porque se trata de una invitación amplia. No se centra solo en una persona o un grupo. No está enfocada en una tribu como los levitas, ni en una familia como la de Aarón o David. 

Es tan amplio que incluye a “todos”. Pero claro ese “todos” tiene también una clausula condicionante. 

Dijo Jesús “todos los que estén trabajados y cargados” o como expresa otra versión “agotados y cansados”. Pero no habla solamente de un cansancio físico fruto del trabajo personal. El agotamiento es más producto de una vida de llevar un yugo pesadísimo. 

Muchos de nosotros conocimos el término yugo a partir de este pasaje, por lo que me permito hacer una breve descripción de que era un yugo en tiempos bíblicos.

• Una pieza de madera que se colocaba en la cerviz, el cuello, de los bueyes para que, de a pares, arrastraran el arado o el carro. Este yugo tenía que ser firme para no permitir al buey ir por donde quisiera, pero suave a la vez como para no lastimarlo.

• También se utiliza en las Escrituras como un símbolo de la ley de Moisés. Era un yugo en el sentido de que los mantenía unidos a la voluntad del Señor, pero también porque con las múltiples ordenanzas rabínicas hacía que su cumplimiento fuera casi imposible. 

Pero Jesús añade a este requisito “yo les daré descanso” 

¡Amén! Diría un judío contemporáneo al Señor. 

Las tradiciones de los ancianos eran tantas y tan duras de cumplir que agotaban más que el trabajo. Aunque en realidad el mayor cansancio que el hombre experimenta es el de llevar su propio pecado a cuestas. Y ese ¡vaya que es un yugo pesado!

Cabe aclarar que ese descanso incluye tanto el físico, como más importante aún, el emocional. El saber que por Él somos perdonados, reconciliados con el Padre, restaurados en una comunión perfecta y preciosa, justificados por fe en la obra de gracia. Nada más pero tampoco nada menos.

Ahora veamos como Jesús ofrece un intercambio interesantísimo: “déjenme llevar su yugo, que es pesado; pero lleven el mío que es mucho más liviano” 

Jesús se ofrece para cargar con nuestro pecado, con las consecuencias del mismo, y a cambio darnos el perdón, la seguridad de salvación, la promesa de una morada celestial eterna… y tan solo nos pide que llevemos su suyo, pero...

¿Cuál es ese yugo? 

El de la obediencia a su Palabra, no por obligación sino como gratitud por su amor y misericordia infinitos.

Claro que Jesús no se queda solo en palabras, sino que nos desafía a seguir su ejemplo. Un ejemplo de mansedumbre y humildad, precisamente dos de las bienaventuranzas mencionadas en Mateo 5. ¿Las recuerdan?

“Bienaventurados los pobres de espíritu” (humildes) vs. 3; y “Bienaventurados los mansos” vs. 5. 

Aclaremos que, humildad espiritual no es pobreza material. Muchos hombres de Dios eran ricos (Abraham, Job, José de Arimatea, Bernabé, etc.). 

Y que mansedumbre no es debilidad de carácter, sino control y dominio de ese carácter. Jesús tenía toda la fortaleza para expulsar a los comerciantes del Templo, pero también la mansedumbre para soportar la condena de nuestro pecado. 

La humildad para dejar el trono en el cielo y venir a la tierra maldecida por nuestro pecado y redimirnos. Eso es mansedumbre y eso es también humildad.

Por último ¿cómo nos enseña Jesús a ser mansos y humildes?

1- Por su Palabra. Nadie habló como él lo hacía. Ni siquiera los alguaciles del Templo se atrevieron a arrestarlos porque: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!”

Como bien lo expreso Pedro “¿A quién iremos, tú tienes palabras de vida eterna?” Pero además…

2- Por su ejemplo. No se halló jamás una falla en su conducta, ni la más pequeña de las desviaciones. Un ejemplo de integridad y santidad en su totalidad.

¿Estamos llevando nuestras cargas a los pies de la Cruz de Cristo? ¿Estamos “cargando” con el yugo que Jesús nos ofrece, un yugo ligero y agradable?

El yugo de la obediencia por amor.

Así sea hoy y cada día de nuestras vidas hasta el momento del encuentro con el Señor. Amén…

Alfredo Posse 

(Chascomús – Buenos Aires - Argentina)

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